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domingo, 8 de agosto de 2021

Sentidos.

 




El gris plomizo del cielo entristece el atardecer. Lleva días llorando sin parar y el olor a tierra mojada invade los sentidos. El cisco y el picón abandonan su negrura habitual para tornarse rojo pasión y ceder protagonismo a la alhucema que perfuma la habitación.

Otro olor inunda mis sentidos. Proviene del anafe de carbón donde a golpes secos de espumadera sobre el fondo de una sartén mi madre sofríe tomates.

Observo sus sienes brillantes, embadurnadas de Vick Vaporub. Comenta que eso le alivia la jaqueca. Las padece desde hace mucho tiempo, demasiado ya. Es muy friolera, encima de un jersey beis de cuello vuelto lleva una bata blanca, aunque una gran cantidad de diminutas flores desparramadas sobre ella hacen que prevalezca el azul esperanza.

Cojo el soplador y avivo el fuego mientras se termina de aderezar. Ella me mira sin mirar. El humo aromatizado se expande inundándolo todo. La sonrisa sinigual de mi madre atrae mi atención; ella sabe de mi predilección. Coge un pico de la telera de pan y lo ahoga en la sartén sin compasión.

-¡Toma! ¡Ten cuidado no te vayas a quemar!-

La expresión de mi cara rezuma alegría. ¡Qué borrachera de sabor!

Un punto de acidez en mi paladar sirve para que no me empalague tanto dulzor, tanto amor.


Sonó el maldito despertador, hoy lo es más que nunca.

© Alfonso Pavón Benítez (2020)


jueves, 5 de agosto de 2021

A mi amado


Llegaste a mí casi sin querer.

Con dos carantoñas me embrujaste.

Solo con rozarme conseguiste enamorarme.

Hasta tal punto… que mi vida sin ti no podía ser.

 

La ansiedad me podía.

Cada noche deseaba el despertar para junto a ti volver a estar.

Compañeros inseparables de aventuras… que

vivimos juntos mil y una  primaveras.

 

¡Cuánta complicidad!

¡Cuánta belleza!… ¡Cuánta ilusión!

Jamás discutimos, todo era una balsa de amor.

¡Cuánta armonía!

 

Éramos una fuente inagotable de placer.

Semejante al éxtasis que siente la arena de la playa

cuando… es acariciada

por ese dulce vaivén de las olas cada atardecer.

 

Pero llegó el invierno.

El calor… marchó por las rendijas de la complicidad.

La ilusión… por las grietas del querer.

Cada noche temía el despertar.

Me costaba seguir tú ritmo, y a ti… a ti parecía no importar.

 

Poco a poco la cruda realidad me inundó.

La armonía dejó paso a la discrepancia.

La madurez a la vejez.

Mi curtido rostro era fiel reflejo de tu abandono.

 

Recuerdo aquellos momentos en los que cada día

quedábamos extasiados,… sudorosos de tanto volar. Y hoy…

hoy solo me dejas alimentar a las palomas cada amanecer.

Y hasta eso se que en breve me arrancarás.

 

Pero es tan grande mi amor, que hasta el último suspiro… te desearé.

 

A mí amado TIEMPO.

 

© Alfonso Pavón Benítez (2019)

sábado, 25 de octubre de 2014

Amor de madre

Quiero empezar éste Blog con un pequeño relato, aunque no tiene nada que ver con lo que propongo en la definición, como homenaje a la persona que me dio la vida en esta bonita tierra y dedicado a todas esas personas que a partir de una determinada edad, cuando deberían estar disfrutando de su bien ganada vejez, dejan de ser independientes, y por supuesto también a las abnegadas personas que les prestan la atención necesaria.